fbpx
TripAdvisor
Sabías que...

El guincho, una joya alada en los acantilados de Los Gigantes

By 3 abril, 2018 No Comments

El águila pescadora (Pandion haliaetus), conocida por el nombre de “guincho” en Canarias, es una llamativa rapaz que muchas veces capta la atención de los turistas que visitan Tenerife, especialmente de los que tienen oportunidad de navegar por las aguas que bañan los Acantilados de Los Gigantes, pues estas abruptas e impresionantes paredes rocosas vienen a ser el único lugar donde nidifica en la isla.

Aunque las hembras suelen ser un poco mayor que los machos, algo habitual en las rapaces, en general el guincho en vuelo despiertan bastante nuestra curiosidad por sus formas tan elegantes, por una notable envergadura –que puede superar el metro y medio– dada por alas largas y estrechas, así como por sus partes dorsales y ventrales con tonalidades oscuras y blanquecinas, respectivamente. Si nos fijamos bien, es posible que advirtamos su pico negro en forma de gancho y una banda negra, a modo de antifaz, que recorre el claro plumaje de su cara.

Hablamos del guincho como un ave de presa cosmopolita al tener en cuenta su distribución por casi todo el mundo. Se alimenta casi exclusivamente de peces, una dieta que para ser atendida requiere dotes y adaptaciones especiales, como por ejemplo la posesión en sus garras de un dedo exterior reversible con el que engancha a los resbaladizos peces y coarta sus posibilidades de escapar. En Tenerife, sin ir más lejos, su alimentación está compuesta sobre todo de peces voladores, agujas y carpas, estas últimas capturadas en los depósitos de agua para el riego.

Siguiendo la misma tónica que en otros sitios del archipiélago canario donde cría, en los Acantilados de Los Gigantes los guinchos construyen sus nidos en repisas y salientes naturales. A veces, estas plataformas de ramas y manojos de hierba pueden alcanzar un tamaño considerable y nos dejan entrever la gran cantidad de años que han sido usadas, aunque no necesariamente de manera sucesiva, pero sí aportando en cada ocasión nuevo material para su acondicionamiento.

Una vez realizada la puesta, que suele ser de dos o tres huevos, el periodo de incubación se prolonga unos 38 días y es llevado a cabo principalmente por la hembra. El macho, por su parte, se encarga más de las tareas relacionadas con el aporte de alimento, tanto durante el tiempo en que la hembra está ocupada con los huevos como más tarde, cuando ya hayan eclosionado los pollos.

Como era de esperar, el guincho, al igual que otros muchos animales, no están exentos de amenazas en nuestro archipiélago. Están, por el contrario, expuestos a un montón de peligros que, salvo casos de mortalidad natural, siempre tienen un origen humano. Electrocuciones, colisiones con cables del tendido eléctrico y/o con aspas de aerogeneradores, persecución directa (caza furtiva) y molestias causadas por personas en barco y a pie en sus áreas de nidificación son algunas de las amenazas más preocupantes.

Todo ello, unido a sus poblaciones que no parecen prosperar, ha hecho que esta emblemática águila esté incluida en los catálogos nacional y regional (el canario) de especies protegidas con la categoría de Vulnerable. Por si fuera poco, en los últimos años el número de parejas reproductoras en toda Canarias ha pasado de en torno a 15, que era una cifra relativamente halagüeña de pasadas décadas, a menos de 10 en la actualidad: tres de ellas con territorio hoy día (2018) en los Acantilados de Los Gigantes.

Las aves u otras especies de fauna en la situación arriba descrita necesitan cuidados constantes y, aunque costoso en sentido amplio, para ello es conveniente saber en todo momento dónde están y qué hacen. En este sentido, incluyendo además algún que otro censo de guinchos en todas las islas, un buen número de pollos nacidos en los Acantilados de Los Gigantes, así como en algunos rincones de las costas gomeras y herreñas, han sido anillados desde hace ya casi dos décadas por ornitólogos autorizados.

Con este marcaje científico lo que se pretende es ir obteniendo datos a fin de desentrañar varios aspectos sobre su forma de vida, entre ellos la dispersión juvenil, las causas y circunstancias de mortalidad o la longevidad, cuyo conocimiento pueda ser aplicado en su conservación.

Ahora más que nunca, la ciudadanía, tanto local como la que visita Canarias, debería contribuir a la preservación de una rapaz cuya delicada situación es indicadora de cuál es la salud de nuestro territorio isleño en general. Lo ideal sería recabar información, que la hay, sobre los recursos naturales que poseen los sitios a visitar, puesto que conocer un poco el valor de los mismos podría modificar nuestra percepción y así actuar más en consecuencia con su protección. En aguas de los acantilados de Los Gigantes, en particular, podemos deleitarnos con el vistoso vuelo de los guinchos sobre nuestras cabezas, pero no debemos olvidar que ese mar también forma parte de su zona de pesca.

Por motivos de seguridad, aquí no es aconsejable navegar y mucho menos fondear cerca de la base de los cantiles, aunque la irresponsabilidad sería mucho mayor si lo hacemos aun sabiendo que existe un nido de guincho, tanto si está siendo utilizado como si no. Además, estas aves, que también pueden padecer un perjudicial estrés en silencio, son muy sensibles al toque deliberado de bocinas y al fuerte ruido que producen ciertas embarcaciones, así como a las personas que, por tierra, no siguen los senderos homologados (Parque Rural de Teno) y se aproximan ilegalmente a sus dominios.

De nuestro modo de actuar hoy en los acantilados de Los Gigantes depende en buena medida el futuro del guincho tinerfeño quizá descendientes de los que nacieron y murieron en este litoral desde tiempos inmemoriales.

“Este artículo se ha beneficiado de la revisión hecha por el Grupo de Ornitología e Historia Natural de las islas Canarias (GOHNIC)”. www.gohnic.org